viernes, 8 de julio de 2011

Del amor y del perdón, también

Per-donar
Per-donare
Per-doar
Par-donner
For-given
Ver-geben

       El lenguaje como herramienta de aprendizaje normalmente puede ser muy útil, pues la palabra revela y crea. Por ejemplo, todas estas palabras en diferentes lenguas nos sugieren que perdonar es dar un don, una gracia, un regalo... que debe otorgarse para obtenerse. Perdonar es ofrecerse a uno mismo la vida, regalándose a la vida. Ésto lo hace muy especial, único y gratuito. Hacerse un presente de confianza, de serenidad, un presente de libertad tan sólo por ser ése mismo presente. Ésto sana el corazón y lo vuelve nuevo en la acción desinteresada del propio amor. Atención a la partícula "for-", "per-", "ver-", o "par-" que es como decir "por, o para" vivir enteramente el "don" sintiéndose uno, reunido, completo. También es como decir: vino nuevo en odres nuevos. Por éso en el perdón se siembra el olvido de lo viejo, porque lo que está pasado ya no alimenta: envenena.
       Otros muchos idiomas consideraron lo mismo o similar: Tilgive; Dimittere; Ierta; Fyrirgefa; Atleisti; Antaa anteeksi; Förlåter; Odpuščati; Vergewe; Andestama... Soltar, liberar, quitar las cadenas, perdonar la deuda, devolver la vista, limpiar la mancha, restaurar el arte... Una esencia a meditar.

sábado, 2 de julio de 2011

Del amor y del perdón

       Es por amor que se perdona. Si no encuentras cómo perdonar, o perdonarte, o pedir perdón, es que no has buscado bien. Averigua dónde vive el amor, pues allí arraiga. Dirígete a su casa hoy mismo y llama a su puerta. Hallarás que el perdón habita en el amor cada día, que vive cada día del amor, y que esta certeza libera.

martes, 21 de junio de 2011

Del amor y de Tagore

"Apólogo del misterio"

        ¿No has oído su paso silencioso? El viene, viene, viene eternamente. 
A cada instante, en todas las épocas y edades, cada día, cada noche, él viene, viene, viene desde siempre. 
Yo he cantado muchas canciones de diversa entonación, pero en ellas cada nota, cada palabra, clamaba siempre: él viene, viene, viene eternamente. 
En los días embalsamados del absorto abril, por el camino secreto de la selva, él viene, viene, viene eternamente. 
Entre la angustia tempestuosa de  las noches de julio, sobre el carro resonante de las nubes, él viene, viene, viene eternamente. 
Entre una pena y otra pena tan sólo hay el espacio de su paso que me oprime el corazón; y mi alegría sólo amanece al roce dorado de su pie.
        ¡El viene, viene, viene eternamente!